Maribel Hastings/Asesora de America’s Voice
En respuesta a la muerte a tiros de Renee Nicole Good a manos de un agente de ICE, la secretaria de Seguridad Nacional (DHS), Kristi Noem, enviará 1,000 agentes adicionales a Minneapolis, Minnesota. Otro ejemplo de la estrategia del gobierno de Trump de escalar la violencia para generar caos y demostrar que ni la muerte de una ciudadana estadounidense los detiene pues ya la culparon por lo ocurrido.
Noem dijo a Fox News el domingo que la idea es “que nuestros agentes de ICE y de la Patrulla Fronteriza que trabajan en Minneapolis puedan hacerlo de forma segura”.
Los 1,000 agentes se suman a los 2,000 que ya enviaron a Minneapolis porque no se trata de reconsiderar la estrategia después de una tragedia, sino de imponer un plan que nada tiene que ver con seguridad y mucho con la politiquería barata y peligrosa que enmarca la política migratoria de Trump.
Para Noem, son los agentes a quienes hay que proteger y no al público que, como quedó demostrado la semana pasada, incluso puede perder la vida en una interacción con agentes de ICE o de la Patrulla Fronteriza que abusan de su autoridad con total impunidad.
Porque la estrategia de Trump no es meramente detener y deportar “criminales” indocumentados, sino infundir terror en toda la población militarizando ciudades para ejercer control total. A eso se deben las detenciones indiscriminadas de ciudadanos, aunque presenten sus documentos. Por eso los abusos contra mujeres embarazadas, niños, personas de la tercera edad, discapacitados, veteranos, religiosos. El mensaje es que nadie se salva de la cruzada antiinmigrante con la que disfraza su experimento autocrático.
Pero esos esfuerzos de intimidación se topan con resistencia. Minnesota y las ciudades de Minneapolis y St. Paul demandaron al DHS y a ICE para que retiren a los agentes y acaben con lo que denominaron una “invasión federal”.
Además, este pasado fin de semana, miles participaron de más de 1,200 manifestaciones en los 50 estados y Washington, DC en repudio al asesinato de Good y a la violencia que los enmascarados agentes federales despliegan desde que fueron enviados, sin ser solicitados, a ciudades dirigidas por demócratas y donde parecen competir para demostrarle a su audiencia, el presidente Trump, quién es el más rudo. Los manifestantes exigieron que los culpables de la violencia respondan por sus actos.
Y es que esa violencia ha ido en aumento. De romper cristales de autos para aterrorizar a los conductores, han disparado balas de goma y gases lacrimógenos, y en el caso de Good, el agente mató de un disparo en la cabeza a una mujer de 37 años de edad, desarmada, que según los vídeos no representaba una amenaza para los agentes.
La violencia de ICE se da en todos los niveles. Son muchas las denuncias sobre las condiciones deplorables de los centros de detención, abuso físico y sexual, muertes por negligencia y falta de acceso a cuidados médicos y a medicamentos para controlar condiciones crónicas como la presión alta o la diabetes. Es otra forma de violencia.
The Guardian reportó que el año pasado se registraron 32 muertes bajo la custodia de ICE, la cifra más alta en dos décadas. “Murieron por convulsiones e insuficiencia cardíaca, accidentes cerebrovasculares, insuficiencia respiratoria, tuberculosis o suicidio…En algunos casos, según han alegado sus familias y abogados, murieron por negligencia, tras intentar repetidamente y sin éxito obtener atención médica”, escribió la publicación.
Y según la Associated Press, la muerte de Good es la quinta en medio de los represivos operativos migratorios de Trump. En Chicago, el 12 de septiembre de 2025, ICE baleó a Silverio Villegas González, de 38 años, durante una parada de tráfico. En julio de 2025, en Camarillo, California, el trabajador agrícola Jaime Alanís, de 57 años, murió tras caer del techo de un invernadero en medio de un operativo. En agosto, en Monrovia, California, un hombre murió atropellado en una autopista contigua a un Home Depot huyendo de una redada. Y en Virginia, en octubre de 2025, Josué Castro Rivera, de 24 años, murió tras ser atropellado cuando huía de una detención de tránsito por agentes de ICE.
Ni las comunidades están seguras porque Trump ha desviado unos 25,000 funcionarios y empleados de diversas agencias federales como FBI, ATF, DEA, IRS y otras de sus tareas tradicionales para realizar labores migratorias descuidando áreas como el tráfico de drogas, terrorismo, evasión contributiva, fraude, explotación infantil. Esto incide sobre nuestra seguridad nacional y de las comunidades.
Y es que la violencia in crescendo de ICE y de CBP, tiene serias y en algunos casos fatales consecuencias.

