La caótica y cínica “doctrina Trump” en Venezuela

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Maribel Hastings/Asesora de America’s Voice

El gobierno de Donald Trump está repleto de incongruencias y una de ellas es el trato deplorable que ha dado a los inmigrantes venezolanos que venían huyendo precisamente del régimen del expresidente de Venezuela, Nicolás Maduro, a quien Estados Unidos arrestó y removió del país este pasado sábado para enfrentar cargos de narcotráfico y narcoterrorismo en Nueva York.

Y es que lejos de acoger a esos inmigrantes que huían de la dictadura de Maduro, Trump les revocó protecciones como el Estatus de Protección Temporal (TPS), el parole humanitario, e incluso las solicitudes de asilo atraviesan una especie de limbo que viene a complicarse con la incertidumbre por la situación política de Venezuela tras el operativo militar estadounidense y que podría incidir en la decisión final para los solicitantes.

Trump le quitó a más de 600,000 venezolanos el TPS que les concedía permisos de trabajo y los protegía de la deportación. Asimismo, eliminó el parole humanitario que permitió el ingreso  autorizado a Estados Unidos a más de 117,000 venezolanos. Muchos venezolanos solicitantes de asilo han sido detenidos en plenas audiencias en corte. Otros 252 venezolanos incluso fueron deportados a la temible prisión CECOT de El Salvador sin el debido proceso de ley echando mano de la Ley de Enemigos Extranjeros del 1798. Venezuela integra la lista de 19 naciones a las que Estados Unidos suspendió los ajustes migratorios, incluyendo residencia y ciudadanía.

Como muestra de las incongruencias, la Secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, declaró que ante los desarrollos políticos, los venezolanos que tenían TPS podrían solicitar refugio en Estados Unidos. Pero horas más tarde el propio DHS desmintió a Noem y declaró que el más de medio millón de venezolanos que tenían TPS pueden regresar a su país, “al que aman”. De hecho, el estatus de refugiado aplica a personas que están fuera de Estados Unidos y por ende, la solicitud se hace desde el extranjero. El asilo puede solicitarse en suelo estadounidense.

El grueso del exilio venezolano radica en Florida y muchos apoyan al presidente Trump que les quitó sus protecciones migratorias. Queda por ver si el operativo que removió a Maduro subsana ese daño, pero todo dependerá del giro que tome el asunto.

Porque quienes esperaban que no quedaran vestigios del régimen se han topado con que la vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, juramentó el lunes como presidenta encargada. O sea, que el régimen de Maduro sigue presente.

Aparte de las consideraciones políticas y del efecto que la salida de Maduro pueda tener sobre otros países de la región y sobre los intereses de naciones como China, sin duda una de las grandes interrogantes es qué ocurrirá con los millones de venezolanos en la diáspora, sobre todo los que radican en Estados Unidos y que han perdido sus protecciones migratorias.

Si la situación en Venezuela empeora, la pregunta es qué pasará con los venezolanos que Trump deslegalizó aquí en Estados Unidos.  La alcaldesa de Miami, la demócrata Eileen Higgings, pidió el restablecimiento del TPS para que los venezolanos no retornen a un país inestable.

Y es que en todo este proceso poco se habla de restaurar la democracia o de proteger derechos humanos. Más bien se habla de apoderarse del petróleo venezolano y de pintar a Venezuela como el principal exportador de drogas a Estados Unidos aunque no lo es. Un reciente informe de la Organización de las Naciones Unidas coloca a Venezuela como un país marginal en la ruta del narcotráfico.

Si el interés fuera proteger a Estados Unidos del narcotráfico, ¿por qué Trump indultó al expresidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, quien cumplía una sentencia de 45 años de prisión por conspirar para traer a suelo estadounidense más de 400 toneladas de cocaína?

La realidad es que Trump 2.0 parece haberse dado cuenta recientemente de la influencia de China en el Hemisferio Occidental y como en otras etapas históricas, Estados Unidos quiere dirigir los destinos de otros países desempolvando el manual del imperialismo yanqui del siglo pasado.

Aunque en esta oportunidad también hay un interés de desviar la atención del público estadounidense ante varios desastres domésticos como el alto costo de vida, de vivienda, y las alzas que se avecinan en las primas de los seguros médicos Obamacare ante la eliminación de subsidios por los republicanos.

Ya lo dijo Stephen Miller, subjefe de gabinete de la Casa Blanca y asesor de seguridad nacional, que bajo la “doctrina Trump” Estados Unidos utilizará su ejército “sin reparos” para garantizar los intereses estadounidenses. “Somos una superpotencia. Y con el presidente Trump, nos comportaremos como tal”, afirmó Miller.

Aunque se trate de una doctrina caótica y descarada.

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