La transparencia hospitalaria es una cuestión de justicia social

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    Por qué las latinas y sus familias merecen conocer el verdadero costo de la
    atención hospitalaria

    Por Amy Hinojosa, Presidenta y Directora Ejecutiva de MANA, Una Organización
    Nacional de Latinas, dedicada a fortalecer a las mujeres latinas mediante la
    mentoría, la educación y la defensa de sus derechos.
    Durante más de 50 años, MANA ha luchado para garantizar que las latinas tengan
    todas las oportunidades de llevar vidas saludables, prósperas y seguras. Esa
    misión trata de mucho más que la representación en el lugar de trabajo o el
    liderazgo en nuestras comunidades. Se trata también de proteger el bienestar
    económico de las familias que constituyen la columna vertebral de Estados
    Unidos.
    Hoy, una de las mayores amenazas a ese bienestar se esconde a plena vista: el
    costo cada vez más alto de la atención hospitalaria.
    Cada mes, las familias trabajadoras ven cómo aumentan las primas de su seguro
    médico, los empleadores luchan por absorber los crecientes costos de atención
    médica y los padres posponen las visitas al doctor por temor a lo que dirá la
    factura. Mientras tanto, mientras las familias hispanas y latinas se ven obligadas
    a tomar decisiones imposibles en la mesa de la cocina, muchos de los sistemas
    hospitalarios sin fines de lucro más grandes de Estados Unidos registran
    excedentes financieros extraordinarios, pagan a sus ejecutivos millones de
    dólares y se niegan a proporcionar la transparencia que los pacientes merecen.
    Los precios hospitalarios son el primer eslabón en la cadena de los costos de
    atención médica, y la falta de transparencia al respecto no es sostenible ni
    equitativa.
    Los latinos representamos uno de los segmentos de más rápido crecimiento de la
    fuerza laboral estadounidense. Somos empresarios, maestros, enfermeras,
    obreros de la construcción, cuidadores, socorristas y dueños de pequeños
    negocios. También es más probable que trabajemos para empleadores pequeños,
    que son especialmente vulnerables al aumento de los costos del seguro médico.
    Cuando los precios hospitalarios suben a puerta cerrada, todos pagamos. Las
    aseguradoras trasladan esos costos a través de primas más altas, los empleadores
    pagan más por ofrecer beneficios de salud, los trabajadores ven menos dinero en
    sus cheques de pago y las familias enfrentan deducibles más altos y mayores
    gastos de bolsillo.
    El resultado es que la atención médica se vuelve menos accesible, no porque los
    estadounidenses estén utilizando más servicios, sino porque están pagando más
    por los mismos servicios.
    Las normas federales de transparencia de precios tenían como propósito arrojar
    luz sobre estos costos al exigir que los hospitales publiquen los precios
    negociados y los pongan al alcance de los pacientes. Sin embargo, el
    cumplimiento de la ley ha sido inconsistente y, con frecuencia, ha faltado una
    verdadera rendición de cuentas. Los pacientes no pueden ser consumidores
    informados si no conocen el precio hasta semanas después de recibir la atención.
    Muchos de los hospitales que cobran los precios más altos no son corporaciones
    con fines de lucro. Son instituciones sin fines de lucro que reciben importantes
    ventajas fiscales porque se espera que sirvan a sus comunidades. Los
    estadounidenses tienen todo el derecho de preguntar si esa misión pública se está
    cumpliendo.
    Según el Texas Health Market Review de 2025, tomando un solo estado como
    ejemplo, los hospitales de la región de Dallas-Fort Worth registraron un ingreso
    neto combinado de $5,362 millones de dólares el año pasado. En la región de
    Houston, las redes hospitalarias casi duplicaron su rentabilidad respecto de 2024,
    alcanzando $3,668 millones de dólares en ingresos netos. En la región de Austin,
    los sistemas hospitalarios reportaron un ingreso neto combinado de $1,131
    millones de dólares.
    Eso no es ingreso – es ganancia – de lo que legalmente son organizaciones
    benéficas sin fines de lucro. Los hospitales fuertes son esenciales para tener
    comunidades sanas, pero cuando instituciones sin fines de lucro acumulan
    cientos de millones de dólares en excedentes anuales mientras cobran precios
    que hacen subir las primas de seguro, el público merece respuestas.
    Para muchas familias latinas, la accesibilidad económica de la atención médica
    no es un debate abstracto de políticas públicas. Es decidir entre surtir una receta
    o posponer la atención preventiva. Es preocuparse porque una sola visita
    imprevista al hospital podría descarrilar años de cuidadosa planificación
    financiera. Es preguntarse si un hijo debe ser llevado a la sala de emergencia esta
    noche, o si la factura se convertirá en otra carga que la familia no puede pagar.
    Los costos de atención médica también agravan las desigualdades existentes. Las
    familias hispanas continúan teniendo un patrimonio familiar mediano más bajo
    que muchos otros grupos, lo que hace que los gastos médicos inesperados sean
    especialmente disruptivos.
    Los hospitales de Estados Unidos realizan un trabajo extraordinario todos los
    días. Médicos, enfermeras, técnicos e innumerables profesionales de la salud
    dedican sus vidas a atender a los pacientes en circunstancias difíciles. Esta
    conversación no se trata de cuestionar su compromiso; se trata de preguntar si
    los sistemas hospitalarios deberían operar con mayor transparencia y rendición
    de cuentas, especialmente cuando reciben importantes subsidios públicos gracias
    a su estatus sin fines de lucro.
    Los pacientes deberían saber cuánto costará la atención antes de recibirla,
    siempre que sea posible; los empleadores deberían entender qué impulsa los
    aumentos de las primas; y los responsables de formular políticas deberían tener
    acceso a información precisa sobre los precios. Las comunidades merecen saber
    si los hospitales sin fines de lucro están ofreciendo suficiente beneficio público a
    cambio de las ventajas fiscales que reciben. Estas son expectativas razonables.
    MANA cree que la atención médica debe empoderar a las familias, no
    empobrecerlas. Apoyamos una aplicación más estricta de los requisitos federales
    de transparencia de precios hospitalarios para que los pacientes puedan
    comparar precios y tomar decisiones informadas. Apoyamos una mayor
    rendición de cuentas para los hospitales sin fines de lucro, que demuestren que
    los beneficios de su estatus de exención de impuestos están regresando a las
    comunidades a las que sirven. Apoyamos las políticas que fomentan la
    competencia, mejoran la accesibilidad económica y protegen a las familias
    trabajadoras de costos médicos innecesarios.
    Y lo más importante: apoyamos un sistema de atención médica en el que la
    transparencia sea la regla y no la excepción. Para los millones de familias
    hispanas que se esfuerzan cada día por construir un futuro mejor, esa rendición
    de cuentas está atrasada desde hace mucho tiempo.
    Hospital Transparency Is a Matter of Social Justice:
    Why Latinas and Their Families Deserve to Know the Real Cost of Hospital
    Care
    By Amy Hinojosa, President & CEO of MANA, A National Latina
    Organization, focusing on strengthening Latina women through mentoring,
    education, and advocacy.
    For more than 50 years, MANA has fought to ensure that Latinas have every
    opportunity to lead healthy, prosperous, and secure lives. That mission is about
    more than representation in the workplace or leadership in our communities. It
    is also about protecting the economic well-being of the families who form the
    backbone of America.
    Today, one of the greatest threats to that well-being is hiding in plain sight: the
    soaring cost of hospital care.
    Every month, working families watch their health insurance premiums climb,
    employers struggle to absorb higher healthcare costs, and parents delay doctor’s
    visits because they’re worried about what the bill will be. Meanwhile, as Hispanic
    and Latino families are forced to make impossible choices around the kitchen
    table, many of America’s largest nonprofit hospital systems are posting
    extraordinary financial surpluses, paying executives millions of dollars, and
    refusing to provide the transparency patients deserve.
    Hospital prices are the first domino in the chain of healthcare costs, and the lack
    of transparency around them is not sustainable and it is not equitable.
    Latinos represent one of the fastest-growing segments of the American
    workforce. We are entrepreneurs, teachers, nurses, construction workers,
    caregivers, first responders, and small business owners. We are also more likely
    than many other Americans to work for small employers, which are especially
    vulnerable to rising health insurance costs.
    When hospital prices rise behind closed doors, everyone pays. Insurers pass
    those costs on through higher premiums, employers pay more to provide health
    benefits, workers see less money in their paychecks, and families face higher
    deductibles and larger out-of-pocket bills.
    The result is that healthcare becomes less affordable, not because Americans are
    using more care, but because they are paying more for the same services.
    Federal price transparency rules were intended to shine a light on these costs by
    requiring hospitals to publish negotiated prices and make them accessible to
    patients. Compliance with the law, however, has been inconsistent, and
    meaningful accountability has often been lacking. Patients cannot be informed
    consumers if they cannot see the price until weeks after receiving care.
    Many of the hospitals charging the highest prices are not for-profit corporations.
    They are nonprofit institutions that receive substantial tax advantages because
    they are expected to serve their communities. Americans have every right to ask
    whether that public mission is being fulfilled.
    According to the Texas Health Market Review for 2025, just to take one state for
    an example, hospitals in the Dallas-Fort Worth region recorded a combined net
    income of $5.362 billion last year. In the Houston Region, area hospital networks
    nearly doubled their profitability from 2024, hitting $3.668 billion in net income.
    In the Austin region, the hospital systems reported a combined net income of
    $1.131 billion.
    That’s not revenue, that’s profit, for what amount to non-profit charitable
    organizations legally. Strong hospitals are essential to healthy communities, but
    when nonprofit institutions accumulate hundreds of millions of dollars in annual
    surpluses while charging prices that drive insurance premiums higher, the public
    deserves answers.
    For many Latino families, healthcare affordability is not an abstract policy
    debate. It is deciding whether to refill a prescription or postpone preventive care.
    It is worrying that one unexpected hospital visit could derail years of careful
    financial planning. It is wondering whether a child should be taken to the
    emergency room tonight, or whether the bill will become another burden the
    family cannot afford.
    Healthcare costs also compound existing disparities. Hispanic families continue
    to have lower median household wealth than many other groups, making
    unexpected medical expenses especially disruptive.
    America’s hospitals perform extraordinary work every day. Physicians, nurses,
    technicians, and countless healthcare professionals dedicate their lives to caring
    for patients under difficult circumstances. This conversation is not about
    questioning their commitment, it’s about asking whether hospital systems should
    operate with greater transparency and accountability, especially when they
    receive significant public subsidies through their nonprofit status.
    Patients should know what care will cost before they receive it whenever
    possible, employers should understand what drives premium increases, and
    policymakers should have access to accurate pricing information. Communities
    deserve to know whether nonprofit hospitals are delivering sufficient public
    benefit in return for the tax advantages they receive. These are reasonable
    expectations.
    MANA believes healthcare should empower families, not impoverish them. We
    support stronger enforcement of federal hospital price transparency
    requirements so patients can compare prices and make informed decisions. We
    support greater accountability for nonprofit hospitals to demonstrate that the
    benefits of tax-exempt status are flowing back into the communities they serve.
    We support policies that encourage competition, improve affordability, and
    protect working families from unnecessary healthcare costs.
    Most importantly, we support a healthcare system where transparency is the rule
    rather than the exception. For the millions of Hispanic families working hard to
    build better futures, that accountability is long overdue.

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