Gabinetes latinoamericanos: claves del equipo presidencial

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Todavía José Antonio Kast no asume como presidente de Chile, pero el anuncio de su gabinete ya está generando polémica. En la lista figuran dos ministros que fueron abogados del dictador Augusto Pinochet para los ministerios de Defensa y Justicia, un empresario condenado por colusión para Hacienda, y una ministra de Deporte sancionada por dopaje. También es cuestionada la futura titular de la Mujer, por su juventud, religiosidad y rechazo al aborto, al tiempo que aliados políticos critican la importante presencia de independientes.

El carácter, la visión y las prioridades del presidente

Las nominaciones son el primer anuncio del carácter, la visión y las prioridades del presidente para su Gobierno. Especialmente en los regímenes presidencialistas latinoamericanos, donde el primer mandatario es el actor protagónico. “Los ministros también juegan un papel clave, pues son los ejecutores de las políticas públicas y del rumbo que cada presidente se propone”, dice a DW Gabriel Levita, profesor en la Universidad de Lanús e investigador del CONICET, en Argentina.

“El gabinete es muy importante, porque es donde el presidente delega confianza para que se implemente el programa de gobierno y la agenda que quiere impulsar”, señala a DW Hugo Jofré, académico de la Universidad San Sebastián (USS), en Chile, y doctorando en la Universidad de Rostock, en Alemania.

Un poder cada vez más compartido y tecnocrático

Consultado por DW, Amílcar Salas, investigador del Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe (IEALC) de la Universidad de Buenos Aires (UBA), estima que el equipo ministerial ha cobrado protagonismo: “Si bien el presidente suele ensombrecer el rol del gabinete, cada vez va ejerciendo un poder más compartido, porque en estos tiempos requiere de mayor competencia y desplazamiento hacia elementos técnicos”.

Las competencias y habilidades que reúna el gabinete pueden ―o no― marcar el éxito de una administración. “Tener un presidente con mucha aprobación, pero ministros o ministras que no logren sacar adelante los desafíos de sus carteras conduce al fracaso del Gobierno. Por ende, es importante que se elija de buena forma a las personas”, afirma Jofré. Errores e incapacidad para cumplir las tareas hacen caer al ministro, pero afectan también al mandatario.

Las señales del gabinete inaugural

La elección de los nombres dice mucho sobre el presidente, sus orígenes, prioridades y perfil. “El peruano Alberto Fujimori, un outsider que venía de ser rector de una universidad, nominó en su gabinete principalmente personas independientes, con poca experiencia política, más leales al presidente que a los partidos”, señala el profesor adjunto de la USS.

La elección del primer gabinete es especialmente clave: “El gabinete inaugural es el más fiel a los deseos del presidente, a su propuesta de gobierno y sus promesas de campaña”, señala Levita. Conformar equipo implica negociar con los partidos que lo apoyaron en la elección y que ahora quieren su tajada. Pero también, en comparación con el parlamentarismo, en América Latina “suele haber más ministros no partidistas, que pueden ser tecnócratas, outsiders o personalidades. Si el presidente tiene más nivel de aprobación, eso le da más libertad para elegir a sus ministros”, apunta el académico de la Universidad de Lanús.

Asimismo, si los partidos son fuertes, pueden imponer más condiciones. De lo contrario, con el sistema fragmentado que se observa cada vez más en la región, el mandatario tiene mayor fortaleza y libertad para sus nominaciones, como se ve en Chile con Kast.

¿Político o experto?

“Un mandatario con una trayectoria vinculada a un partido o que representa a una coalición reclutará ministros de ese mundo. Pero también hay otros que buscan un perfil más técnico, experto en su materia”, sostiene Jofré.

El presidente busca que el gabinete le dé gobernabilidad, que tenga experticia, “pero sobre todo que el ministro sea leal a él”, subraya Levita. En América Latina, “en general, hay una tendencia a que haya cada vez más ministros que no son partidarios. Los presidentes tienen mayor independencia y atributos para nombrar a los funcionarios que desean, independientemente de la voluntad de las organizaciones partidarias. Esto tiene que ver con el debilitamiento de los partidos, el desencantamiento de los votantes y mayor personalización de la política“, agrega el investigador de CONICET.

“En todos los países de la región, hemos tenido gabinetes de mucho renombre, pero si uno mira con un poco más de lupa en los últimos tiempos, no vemos grandes gabinetes de lujo. Si bien amentó mucho la formación, la educación universitaria, eso no garantiza buena gestión”, argumenta Salas.

El ideal: conocimientos técnicos con experiencia política

Es esperable que, en carteras como Salud, Educación o Transporte, tengan conocimientos sobre estas materias, aunque eso tampoco asegura el éxito. “La experiencia nos dice que a veces esas personas, aunque sean sobresalientes en su ámbito de acción particular, se ven complicadas o condicionadas por los fenómenos políticos. Frente a una oposición muy reacia a colaborar con el Gobierno, es muy probable que ese ministro o ministra enfrente ataques o rechazo por parte de los parlamentarios, que son los que votan para aprobar las leyes”, observa Jofré.

En el otro extremo, también son criticados los ministros que no saben nada de su área ―un ingeniero en Educación o un abogado en Salud―, que llegan al gabinete como premio de consuelo, al no resultar electos para el Parlamento.

El ideal debería combinar conocimientos técnicos con experiencia política. Pero su éxito dependerá también de factores externos al gabinete. “Uno puede tener el mejor ministro, el más formado, que tiene experiencia y cintura política, sagaz, inteligente, pero si la burocracia estatal o la falta de recursos le impiden implementar políticas públicas y además no tiene apoyo parlamentario, ese ministro brillante no se va a lucir y sus políticas no van a ser exitosas”, plantea Levita.

Gabinetes más grandes, con más mujeres

Mientras Venezuela y Brasil tienen más de 30 ministerios, en Argentina hay solo 10. Javeir MiIei llegó a la Casa Rosada con la promesa de austeridad y recorte presupuestario, que lo llevó a fusionar algunas áreas y desmantelar otras.

Pero en términos generales, indica Salas, los gabinetes tienden a ser cada vez más grandes en la región. “Para garantizar votos en el parlamento, el gabinete incluye figuras de diversas corrientes y partidos. El elemento organizador de los gabinetes latinoamericanos es darle viabilidad parlamentaria”, afirma el profesor de la UBA. Al respecto, Levita observa que, “cuando la coalición de Gobierno se agranda, a veces se crean ministerios para poder repartir más”.

Un fenómeno paulatino y creciente es la incorporación de más mujeres. Actualmente, países como México, Guatemala, Ecuador, Colombia y Chile mantienen equipos relativamente paritarios.

Cambio de gabinete: reemplazo de fusibles

Los cambios de gabinete dan señales del momento político y de la capacidad de enfrentar determinados desafíos. “Muchas veces el presidente justifica que un reemplazo ministerial era un cambio conversado, pero siempre es que hay algún problema”, plantea Salas.

Si un ministro se vuelve impopular, si afecta la aprobación presidencial o protagoniza algún escándalo, puede afectar el éxito del Gobierno y es mejor sacarlo. “El ministro o ministra es una suerte de fusible. Si el presidente tiene una crisis en un ámbito y el ministro tiene la capacidad para gestionarla sin que afecte al presidente, es un buen ministro. El que no tiene esa capacidad y no resiste la presión, es un fusible que se va a quemar y se tiene que reemplazar”, grafica Jofré.

Al mismo tiempo, considera que los cambios de gabinete funcionan como una válvula de escape, para poder retomar la agenda: “Son una herramienta que permite alivianar los costos asociados a malas decisiones, a problemas de gestión o incluso a la incompetencia de algún ministro o ministra que no está ejerciendo de buena forma”.

En Chile, por ejemplo, un tradicional político de derecha adelantó que, al igual que un yogur, varios nombres del gabinete de Kast ya tienen fecha de vencimiento. Es el juego de la política, en el que los ministros entran, sabiendo que no tienen el cargo asegurado.

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